El dia que me enamoré del Paisajismo

Quizás fue de pequeña, en el patio de mi abuela jugando entre sus maceteras. A ella le gustaban mucho los helechos, las “loterias”, las “juanitas” y no podia faltar la “sábila” para las quemaduras de cocina y otros remedios. Recuerdo pasar horas contemplando y descubriendo la vida que se encontraba entre las hojas.  Para mí era un juego. Me sumergía en ese mundo e inventaba historias, sobre la vida que habitaba en ese pequeño universo. Imaginaba a que yo era un gigante, que las plantas eran los árboles que las hormigas y otros insectos, vivian en ese bosque y tenian todo tipo de aventuras.

O tal vez cada vez que teníamos un paseo familiar, donde el contacto con la naturaleza me atrapaba y esa sensación que obtenía durante esos paseos anhelaba que perdurara más. Durante mi infancia, mi padre fue por muchos años el Director de Áreas Protegidas del MARENA, de modo que nuestros paseos familiares usualmente era visitar lugares como el Volcán Mombacho, el Parque Nacional Volcán Masaya, la Reserva Natural  Chocoyero El Brujo, Refugio de Vida Silvestre La Flor, Isla Juan Venado, entre otros.

La magia estuvo ahí desde pequeña, sin saberlo, sin perseguirlo conscientemente, la naturaleza siempre me intrigó. Mi padre (un ecólogo) fue un fuerte influyente en mi que alimentó esa curiosidad por la vida silvestre. Era habitual que llegara a casa con algún animal exótico para su rehabilitación y posterior liberación, del cual me terminaba encariñando. Siempre me inculcó el respeto hacia la naturaleza, nunca el miedo.

O quizás fue en la universidad, cuando cursando mi carrera de diseño de interiores me asignaron diseñar un jardín. Ese fue mi primer aprendizaje real sobre plantas.  Como parte de la materia, teniamos que investigar qué tipos de gramas se utilizan en Nicaragua y darme cuenta la poca información disponible y profesionales que habia en el sector de paisajismo en nuestro país me pareció lamentable, pero también me di cuenta que ahí había un enorme potencial. 

En el 2005 inicié mis estudios en la arquitectura y luego me trasladé al diseño de interiores. Esto me permitió adquirir conocimientos formales para entender las bases del diseño. Tanto la arquitectura como el interiorismo me encantan, crear soluciones de forma, espacio y orden.  Pero confieso que aún así siempre sentí que algo faltaba. Faltaba el alma de esos espacios.

Cuando me mudé de casa a un terreno bastante generoso en espacio, tuve la oportunidad de por mi propia cuenta “meterle mano” y empecé a experimentar con las plantas, el terreno, los espacios…Mi esposo se animó a experimentar con un huerto casero, a producir composta y trabajar el suelo.

Con el pasar del tiempo, me di cuenta que disfrutaba más eso que cualquier cosa. Poco a poco fui sumergiéndome en el mundo de la jardinería y experimentando, aprendiendo y formalizándome. Las plantas¡ese era mi lenguaje! A ellas las siento, están vivas, nos entendemos y nos respetamos. Ellas me dan y yo les doy. Pocos pensarán que el trabajo de un paisajista es algo sagrado. Manipulamos seres vivos, construimos con ellos, les damos un nuevo hogar. Trabajamos con la materia prima más perfecta de la creación, eso es una bendición y merece respeto.

Ejercer el paisajismo es para mi, la forma magnificente de reunir la suma de todos mis intereses y pasiones… el diseño, la arquitectura, el arte, la fauna y la flora. No podría ser una profesión más satisfactoria y completa, a pesar de ser poco valorada aún hoy en dia en nuestro pais.

De manera que no sabría si hubo un momento exacto en que haya descubierto el amor por el paisajismo. Se fue gestando a lo largo del tiempo y de alguna forma, la vida me condujo a ello.

Autor

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VIRGINIA CAMACHO
Diseñadora de Paisaje e Interiorismo

Nova Jardines

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